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Semana Santa

on 08 Abr, 2020
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París (Francia) 07/04/2020, Hna. Véronique Margron para RCF.- Una semana santa si lo es, si significa una semana que involucra a toda la humanidad que sufre. Santa si se entiende unida por el dolor, la angustia, la súplica, la vigilia, el don, la esperanza.

Santa si significa que es allí donde Dios viene, donde el crucificado entra. Santa si lleva consigo el colapso de todo sentido, de estar suspendido en el vacío, abrumado por la pena. Santa si las palabras de la razón, todos los grandes sermones y grandes discursos están vacíos y las palabras sin fuerza. Santa si ella es el silencio donde resuenan las íntimas palabras que Jesús dirige a la humanidad que porta consigo: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”, "Tengo sed". Silencio en el que confesamos, con los ojos de la fe desnuda y desamparada, que Cristo desciende a los infiernos del mundo, de su angustia y su clamor sofocado. En su propio dolor. Ahí está Él. Pobre compañero de todos los que mueren demasiado solos en estos días, de los que lloran por no poder acompañarlos. Compañero de nuestra dolorosa impotencia. Compañero también de aquellos que luchan por vivir y mantener a los demás vivos.

Esta semana es verdaderamente santa si testifica que el silencio que reina en la tierra no es el silencio del ensimismamiento de cada hombre o el dominio de los más fuertes, sino el humilde silencio de la súplica hecha por todos, cada uno desde su realidad. Volviéndose pobremente hacia su propio interior, haciendo el trabajo modestamente, cansándose por los demás, temiendo por lo que les pueda suceder, cuidando de ellos… sencillamente viviendo donde estamos.

Entonces sí, es santa si los creyentes que somos nosotros, los cristianos que intentamos ser, entregamos todo esto como podemos al Dios de abajo, al Dios de la cruz que recoge toda la desolación para que, por encima de todo, nadie se quede atrás.

Semana Santa por fin si podemos pisotear esta oscuridad como racimos de uvas para que una promesa de vida libre, carnal, tangible, finalmente amanezca en una mañana de primavera, tiempo de Pascua llega por fin.