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Lectio Divina: Solemnidad de la Ascensión del Señor. Ciclo A

on 22 May, 2020
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Santiago de Cali, Valle del Cauca (Colombia), Hna. Ana Patricia Vásquez Zapata, 24 de mayo de 2020.- “Yo estaré con vosotros todos los días…”.

Lectio Divina 24/05/2020 esp Descargar

 

EVANGELIO 

Mateo 28, 16 - 20

"Por su parte, los once discípulos marcharon a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Y al verle le adoraron; algunos sin embargo dudaron. Jesús se acercó a ellos y les habló así: 'Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo'" .

De Benjamin West (1738-1820)De Benjamin West (1738-1820)

ESTUDIO BÍBLICO

Mateo inicia su evangelio anunciando la llegada del Emmanuel prometido “El Dios con nosotros”, el vaticinado por patriarcas y profetas, la esperanza del pueblo de Dios y cierra con los últimos momentos de su Ascensión al cielo y su sentencia del: “Yo estaré con vosotros…”

Un cierre magistral de un Dios que se acerca, se abaja y se hace uno de tantos, que elige, prepara y envía, no sin antes instruir a sus apóstoles para confiarles una misión muy clara y dejarles un mensaje de confianza en Él.

Con este gran final se abre un nuevo episodio en la Iglesia universal. Jesús aparece en el centro, pero lo más importante en este pasaje está en la misión que Él mismo les confía. Ahora ya ellos serán los que van a tener que asumir la misión de llevar la Buena Noticia al mundo, de ser los anunciadores del Evangelio y revelar el misterio de Dios. 

LECTURA: ¿QUÉ DICE EL TEXTO?

En Galilea, donde todo comenzó, junto al lago. La cita en el Monte de los Olivos donde Él oraba asiduamente con su Padre, donde sudó gotas de sangre antes de ser arrestado, donde fue tratado como un ladrón, como un asesino, y ahora donde sube hasta el Padre para ser glorificado. Aquí da por terminado su Ministerio en la tierra para depositarlo en el corazón de cada uno de sus apóstoles, discípulos y seguidores. Es la hora favorable de hacer visible la Iglesia como el Cuerpo Místico de Jesús, de ser visibilizada, anunciada a todas las gentes sin ninguna distinción para que ellos a su vez se conviertan en multiplicadores y realizadores del sueño de Dios: su Reino.

Inicia el texto: los apóstoles marcharon a Galilea… al monte donde Jesús les había indicado para tener un encuentro con Jesús Resucitado, el Trasfigurado por el Padre. En el lugar del inicio de su misión y del llamado a sus discípulos, ahora los envía para que sean sus Testigos ante el mundo y la voz que clama en el desierto para todas las gentes.

Jesús hace camino con sus discípulos, los acompaña, los capacita, los ama y les permite experimentar el gozo de la Misericordia de su Padre, los va haciendo sus discípulos en el paso a paso de la vida y los vuelve a llevar al punto de partida donde se les aparece Resucitado. Allí en ese lugar llegaron con dudas, maltratados, desconcertados, probados en su fe, porque la esperanza había sido herida.

A los que le fallaron en la “noche oscura”, a ellos mismos los volvió a llamar. Son convocados por su Maestro.

Cuando le ven Resucitado, dice el texto: Se postraron, rostro en tierra: unos… “le adoraron…, reconociendo su Señorío, aunque otros allí presentes dudaban. Era tal la dimensión del Misterio para un corazón tan pequeño, que solo había silencio…

Y les habló con palabras precisas, claras, categóricas, impulsadas por la fuerza del Espíritu: “Todo poder se me ha dado en el cielo y en la tierra…” Habla con autoridad otorgada por su Padre tanto en el cielo como en la tierra, una autoridad que le permite: Enviarlos… ID, no se queden, no se estanquen, salgan a prisa, la misión apremia, los mueve, los desinstala, los pone en camino, en salida, en la dinámica del caminante que va con un mensaje y con un propósito muy claro: HACED… DISCIPULOS A TODAS LAS GENTES, a los cercanos y a los alejados, a los encantados y a los desencantados, a toda la humanidad. BAUTIZANDOLOS sumergiéndolos, en el agua del Espíritu en el nombre de la Trinidad Santa.

Para ENSEÑARLES, sembrar, predicar, hacer realidad la propuesta de Jesús y el Reinado de Dios. 

Les hace una PROMESA: “…Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo".

ID, HACED, ENSEÑARLES. Acciones que los impulsa a ser los multiplicadores de su Reino.

MEDITACIÓN

¿Qué nos dice hoy este texto?  ¿A que nos impulsa?

Es un texto corto que nos exige agudizar nuestros sentidos para aprender a ver, escuchar, acariciar, percibir, gustar... ¿Qué…?

En primer lugar, ver, contemplar, descubrir al Jesús Resucitado en el acontecer diario de la vida. No podemos dejarlo muerto en una cruz. Ese Jesús que entregó su vida y murió, resucitó… hoy lo vemos en la Palabra donde envía a sus discípulos a anunciar la Buena Nueva a todas las gentes y hacer discípulos, para bautizarlos en nombre de la Santa Trinidad, para enseñarles. Hoy nos envía como portadores de ese mensaje de salvación. Nos impulsa a dirigir los ojos al cielo donde el asciende para conocer el camino y el destino glorioso donde Dios habita y nos espera.

Pero, no podemos quedarnos ahí, es hora de bajar de la montaña, de volver a la realidad, a la cotidianidad y alzar la voz, es hora de impregnar nuestra vida de Evangelio, desde la óptica del Jesús Resucitado, vivir con sentido cada instante y permitir que el corazón arda, con ansia de infinito para que nuestras actitudes, pensamientos, sentimientos y sueños sean acordes con el Sueño de Dios en cada uno. No es fácil, pero es posible. Porque el corazón humano se debate entre lo que sueña, lo que piensa, lo que siente y lo que hace, pero es posible porque nuestro ser no descansará hasta que se encuentre cara cara con su hacedor. Él se lo prometió a sus discípulos: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”, ahora esas mismas palabras resuenan en nuestro ser… No hay que temer, Él es fiel y nos capacita, nos da la gracia de realizar la misión que nos confió.

En este momento medito y me cuestiono:

 

ORACIÓN: ¿QUÉ LE DIGO O LE DECIMOS AL SEÑOR?

Aquí estoy Señor, para alabarte, bendecirte, dar gloria a tu Santo Nombre.

Para darte gracias por tu gran bondad y misericordia, porque aun conociendo mi frágil barro, Tú vuelves a llamarme, me buscas y cuentas conmigo.

Aquí estoy Señor, despojada de mí misma, postrada a tus pies, ante tu presencia eucarística. Tú mi escudo, mi baluarte, Tú la Roca que me salva. Dame la gracia de reconocerte Resucitado en la cotidianidad de mi vida, en mis hermanas, en el prójimo, en el rostro de aquel que se me acerca y clama auxilio…

Gracias Señor, porque me confías una misión y me envías a anunciar lo que he visto, sentido y escuchado al hacer camino contigo, para alzar mi voz y decirle al mundo sin miedo: cómo mi corazón ardía cuando me diste alcance y con ternura me revelaste tu amor.

Dame, Señor la audacia, la sabiduría y fortaleza para ser profeta de esperanza en un mundo que ha olvidado sus raíces, lo esencial y, perdón Señor, por tanto olvido y ausencia de ti… Amén.

CONTEMPLACIÓN: ¿CÓMO INTERIORIZO LA PALABRA? 

Contemplo en silencio el Misterio y me deleito en Él… Dejo que sature las entrañas de mi ser y resuenen sus Palabras… Vibro al compás de su perfecta compañía:

“Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”.