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Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado

on 26 Sep, 2020
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Bangalore (India), 26/09/20, Hna. Jacintha Gracy Miranda, Coordinadora de JPIC.- Desde 1914, la Iglesia inició la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado (JMMR) como una ocasión para expresar su preocupación por la vulnerabilidad de los desplazados, para orar por ellos y los desafíos que enfrentan, además de tomar una mayor conciencia sobre las oportunidades que la migración puede ofrecer.

La JMMR se celebra cada año, el último domingo del mes de septiembre. La 106ª JMMR, tendrá lugar el 27 de septiembre de 2020. El título que el Santo Padre ha elegido para este día es: “Como Jesucristo, obligados a huir” y centrar su atención en la pastoral de los desplazados internos (PDI). A la luz de los trágicos acontecimientos de 2020, el Papa Francisco hace un llamado a la Iglesia universal a acoger a todos aquellos que están viviendo situaciones de precariedad, de abandono, de marginación y de rechazo a causa del COVID-19, aunque su principal preocupación en este mensaje sean los desplazados internos (PDI).

En su mensaje, el Santo Padre habla de la imagen que inspiró al Papa Pío XII en su Constitución Apostólica Exsul Familia (1 de agosto de 1952), que retrata la experiencia de la huida del niño Jesús en la misma condición de los desplazados y refugiados quienes, marcados por el miedo, la incertidumbre y las incomodidades, huyen de sus propios países debido al hambre, a la guerra y a otros peligros graves, en busca de trabajo, seguridad y una vida digna para sí mismos y para sus familias.

El Papa Francisco nos recuerda que los desplazados internos nos ofrecen una oportunidad para encontrarnos con el Señor, “incluso si a nuestros ojos les cuesta trabajo reconocerlo: con la ropa rota, con los pies sucios, con el rostro deformado, con el cuerpo llagado, incapaz de hablar nuestra lengua”. Estamos llamados a responder a este desafío pastoral con los cuatro verbos: acoger, proteger, promover e integrar. 

A estos verbos, el Papa Francisco agregó otros seis pares de verbos en su mensaje que son acciones prácticas que están vinculados en una relación de causa y efecto.

Para resumir el mensaje del Papa, se podrían enumerar algunas anécdotas de vida, especialmente en nuestro compromiso con el trabajo con Desplazados Internos (DI), marginados, migrantes y refugiados: 

 El conocimiento es un paso necesario para comprender a los demás. Los migrantes y las personas desplazadas, no son números sino personas reales. Es a través del encuentro con ellos, que llegamos a conocer sus historias y comprenderlos mejor.

Para reconciliarnos necesitamos escucharnos. Dios hizo lo mismo al enviar a su Hijo al mundo para escuchar a la humanidad con oídos humanos (Jn 3, 16-17). En el mundo actual de los medios de comunicación, existe una gran incapacidad para escuchar. Es solo a través de una escucha humilde y atenta que podemos reconciliarnos verdaderamente.

Para crecer es necesario compartir. La primera comunidad cristiana lo tenía todo en común y lo compartían todo (cf. Hch 4, 32). Dios quiso que los recursos de nuestro planeta se compartieran para así poder crecer juntos.

 Necesitamos involucrarnos para promover. El Señor se acerca a la mujer samaritana, la escucha y le habla a su corazón, para después guiarla a la verdad y transformarla en anunciadora de la Buena Nueva (Jn 4, 1-30). Debemos motivar espacios donde todos sean reconocidos y permitir nuevas formas de hospitalidad, de fraternidad y de solidaridad.

Es necesario cooperar para construir. San Pablo exhorta a la comunidad de Corinto a estar unida “en un mismo pensar y en un mismo sentir” (cf. 1 Co 1, 10). Construir el Reino de Dios es un deber de todos los cristianos y por eso es importante cooperar sin celos, discordias ni divisiones.

Al final de su mensaje, el Papa Francisco confía a todos los desplazados internos (PDI), migrantes y desplazados al cuidado protector de San José, para que les otorgue la dignidad de un trabajo y la serenidad de un hogar.

Atendiendo al llamado del Papa Francisco, estemos dispuestas a salir al encuentro de los necesitados con cercanía, disposición para escucharlos y empoderarlos a través de su promoción y sean así los propios agentes de su liberación y redención sin excluir a nadie, ni al pequeño, ni al último, ni al perdido.