Madres generales

 

Por la fe...

La BeauceLa Beauce

 

 

Cómo no evocar los testigos de la fe en la historia de nuestra Congregación, son innumerables los nombres de hermanas que han marcado una huella que nos han dejado un testimonio vivo de su fe en lo cotidiano, en lo sencillo de sus vidas, tantas a quienes hemos conocido, con quienes hemos vivido, qué bueno hacer memoria en comunidad y dar gracias a Dios por ellas. Hoy estamos invitadas a recoger las huellas que nuestras superioras generales han dejado. Por la fe llenaron sus vidas de Dios y supieron mantenerse en pie cumpliendo su misión.

POR LA FE... MÈRE AGNÈS REVERS supo poner sus cualidades de organización y sentido práctico al servicio del bien común a fin de consolidar la comunidad en la fidelidad al espíritu primitivo y a la vez atender lo material y administrativo. Su fe la lleva a superar las dificultades internas de la comunidad y atender con visión de futuro todo lo relacionado con la misión.

POR LA FE... MÈRE LA CROIX con su vida sencilla, pobre fiel, condujo la Congregación en los años difíciles de la Revolución Francesa, vivió con gran dolor la dispersión de la Comunidad, atendió con gran caridad a sus hermanas velando por su futuro y despertando en ellas una gran confianza, decía: “se ha arrebatado a las hermanas su casa de piedra, pero no pueden quitar de su corazón, el espíritu que permanece y hace vivir”.

POR LA FE... MÈRE AUGUSTIN a pesar de su repugnancia, acepta la elección y comienza su generalato en una época muy difícil: la Reconstitución de la Comunidad. Su principal misión es volver a sembrar el espíritu religioso de Marie Poussepin en el pequeño resto de hermanas, acoger a quienes desean volver y renovar su consagración; con gran esperanza, confiando en la Providencia trabaja por las nuevas vocaciones y su formación. Consigue una casa para reunir la comunidad y entre penas y alegrías lleva el pesado fardo del momento, con gran confianza y valor en el porvenir de la Congregación.

POR LA FE... MÈRE POTENTIENNE en medio de privaciones, imposiciones, confusión en el clero, sostenida por la oración, incansable y abnegada, hace frente a la situación llena de ternura y compasión, ella misma se convierte en la madre de los tiñosos. Se empeña en la formación de las niñas pobres, siempre fiel al legado de Marie Poussepin.

POR LA FE... MÈRE ADELAIDE vive como sus antecesoras un tiempo turbulento, un escenario que reclama creatividad, fortaleza, y sobre todo oración. Mère Adelaide reconocida por su capacidad de trabajo, orden y talento administrativo, se dedica a la consolidación de las comunidades, las visitas, y prepara comunicaciones para mantenerse unida a sus hermanas y encontrar en ellas el consejo y apoyo oportuno. Su fe la lleva a seguir el camino del discernimiento. Cada hermana recibe los Reglamentos no como legalismo sino como un camino de seguimiento de Cristo.

POR LA FE... MÈRE SUZANNE muy inteligente, innovadora, tenaz en sus propósitos, fortaleció las fundaciones, logró para la Comunidad un equilibrio económico, dando pruebas de reflexión y prudencia. Su fe activa le impide paralizarse ante las dificultades, se preocupa por las vocaciones y busca con sus hermanas la voluntad de Dios.

POR LA FE... MÈRE ASSOMPTION encarna y actualiza el servicio de Caridad, atendiendo ella misma a los enfermos de cólera y animando a las hermanas a hacer lo mismo, ofreciendo sus vidas como víctimas. Quiso dar respuesta a las necesidades de enfermos y pobres. Durante su generalato se abrieron obras polivalentes en sectores marginados. Por la fe acoge las orientaciones de la Iglesia para la vida religiosa, a partir de este tiempo las hermanas empiezan a emitir sus votos. Edita el Manual para las hermanas.

POR LA FE... MÈRE SAINT PIERRE desde muy niña descubre su vocación: “Yo quiero ser misionera” y para ello, llenó su vida de Caridad. “He ahí la caridad que pasa” era la expresión de quienes la conocieron y fueron testigos de su bondad, de su misericordia, de su sabiduría y sencillez. Su viva fe la llevaba a ver el rostro de Cristo, en los pobres, los enfermos, los huérfanos, para quienes dedicó tiempo y derrochó cariño. Animada por fe, se entrega al servicio de la Congregación, preocupada por la expansión del Carisma dominicano de Marie Poussepin, hizo muchas fundaciones para el servicio de la Caridad, abrió caminos para la formación de las hermanas y supo llevar la cruz de la incomprensión y la humillación.

POR LA FE... MÈRE DU CALVAIRE asume con sencillez y fortaleza el gobierno de la Congregación en un momento crítico al interior de la Comunidad. Por la fe abre horizontes nuevos a la Presentación: España, Colombia, Iraq son testigos de su audacia sin fronteras. Su fe en las hermanas, su espíritu misionero y su visión de futuro, la llevan a erigir la primera provincia de la Congregación: la provincia de Bogotá. Fraterna y solícita por cada hermana; sus consejos, sus cartas, la hacen presente en la vida de cada comunidad y en la misión encomendada. No descansa hasta conseguir el reconocimiento de la Congregación como Instituto de Derecho Pontificio.

POR LA FE... MÈRE JOSEPHA desde su ingreso a la Congregación pone al servicio de la misión su inteligencia brillante, su temperamento ardiente, su gran corazón, su servicialidad a toda prueba. Es su espíritu de fe el motor de su vida, que la lleva a entregar todas sus fuerzas en los 33 años de generalato en los cuales logró hacer 190 fundaciones, como expresión del Carisma y fidelidad a la Intuición Primera. Su amor a Marie Poussepin le inspira introducir la causa de Beatificación que continuarán sus sucesoras. Se interesó por hacer avanzar el reconocimiento de nuestro origen dominicano. Obtiene del papa León XIII el rescripto con el nombre oficial de la Congregación: "Hermanas de la Caridad Dominicas de la Presentación”.

POR LA FE... MÈRE LEON JOSEPH sostiene su vida espiritual con una constante oración; su amor por la Iglesia es inquebrantable. Tuvo que afrontar tiempos difíciles a consecuencia de la I Guerra Mundial, y supo conducir la Congregación durante 18 años, infundió esperanza y serenidad, llevó los asuntos más difíciles con sensatez, con lucidez y firmeza. Por amor a la Fundadora se empeñó con todas sus fuerzas en proseguir con mucho empeño los asuntos de la causa de Beatificación. No hizo fundaciones en Francia, debido a la situación política pero sostuvo la misión existente. Se preocupó por las comunidades de España y Colombia. Visitó Colombia durante seis meses dejando una huella, especialmente, en la línea de la educación.

POR LA FE... MÈRE THÉRESE AUGUSTA con espíritu de fortaleza, sabiduría y prudencia acompaña la Congregación en los difíciles años de la II Guerra Mundial. Sólo su fe en la providencia y su espíritu de organización la sostienen ante el inesperado éxodo de la Casa Madre, invadida por las tropas alemanas, la comunidad sale para Benais (Francia), “al salir rezan el Magníficat y con el corazón destrozado pero lleno de confianza en la protección del Señor, emprenden la marcha“. Allí permanecen ocho meses. Mére Thérese Augusta infunde paz, serenidad, crea un ambiente familiar, de mutua ayuda, de simplicidad, participa en los quehaceres de la casa, sin descuidar la atención a la Congregación, envía una circular a la Congregación dando cuenta de lo ocurrido. Todo por la fe.

POR LA FE... MÈRE THÉRESE DES ANGES comienza su generalato con un hecho significativo muy de acuerdo con su espíritu dominicano: la afiliación definitiva de la Congregación a la Orden de Predicadores como culminación de un gran trabajo de sus antecesoras. Asume y plantea como reto a la Congregación las exigencias del “aggiornamento” propuestas por el Vaticano II para lo cual convoca, prepara y realiza el Capítulo General extraordinario de 1969. Con ardor misionero lleva la Congregación a nueve países, “la misión está en todas partes,” “unidas queremos ser una pequeña célula de Iglesia, que participa humildemente en el advenimiento del reino de Dios, a este mundo que deseamos sea más justo y más humano”. Gracias a su fe tan viva, esta mujer marcó un impulso de renovación de nuestra vida religiosa orientada al futuro, de cara a la Iglesia y al mundo.

POR LA FE... MÈRE MARIE SAINT THÉRÈSE vive su misión como superiora general en una época de grandes cambios a nivel político, social, económico y eclesial, se siente la necesidad de una renovación, la vida religiosa se seculariza, las vocaciones disminuyen, las tensiones y dificultades al interior de las comunidades piden opciones, se requiere volver a lo esencial y es ella con su fe, con su rectitud y sencillez quien invita a la Congregación al seguimiento de Jesús como norma única de nuestra vida. La elaboración de las Constituciones se impone con las orientaciones del Vaticano II y la vuelta a las fuentes genuinas de la Comunidad. Esta misión compromete a toda hermana y ella nos dice: “juntas podremos construir de manera sólida y duradera nuestra Congregación”.

POR LA FE... HERMANA INÉS MERCEDES MEJÍA TORO, no puede captar la realidad de la Congregación sin situarse a un nivel mucho más amplio, los variados contextos, el influjo de la violencia, la pobreza, la injusticia, la indiferencia religiosa; un mundo así, sin paz, espera nuestra respuesta, la fe requiere firmeza, lucidez, visión de futuro, audacia, compromiso. Ella encuentra en la Palabra de Dios, su luz y su fortaleza, para impulsar en la Congregación una opción por la justicia. La formación y la misión son dos líneas de fuerza en este periodo de 15 años. Al terminar su generalato la Congregación está presente en 33 países. El 20 de noviembre de 1994, tiene lugar en Roma la Beatificación de Marie Poussepin, siendo ya superiora general, recién elegida, Hna. María Fabiola Velásquez.

LA HISTORIA CONTINUA... con Hna. María Fabiola Velásquez, Soeur Monique Colrat y actualmente Hna. Maria Escayola...

Texto: Hna. María Betsabé Guevara