Pastoral vocacional

En Dourdan-Francia, hace más de tres siglos, existió una gran mujer que logró cambiar la realidad de ignorancia, hambre, sufrimiento y abandono de los habitantes de un pequeño y olvidado pueblo francés llamado Sainville. Su nombre es Marie Poussepin. 

La experiencia de que Dios nos ama, se hace vocación

Marie Poussepin, fundadora de la Congregación de Hermanas de la Caridad Dominicas de la Presentación de la Santísima Virgen, fue una mujer que vivió a plenitud la voluntad de Dios. Es la mujer humilde, piadosa y caritativa, servidora del Señor, que une en una sola mirada su amor a Dios y a las personas. Ella se nos ofrece como un camino para hacer vida el proyecto de Jesús. Porque:
 

“La experiencia de que Dios nos ama de manera absolutamente gratuita, personal y única, se hace en nosotras “vocación” de seguimiento radical de Jesucristo” (Ratio, pág. 35)

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La vocación como llamada de Dios, es al mismo tiempo elección y don que el Señor hace de manera particular a jóvenes que con generosidad quieren vivir su proyecto de amor en el mundo. Hoy como ayer, muchas jóvenes seguimos encontrando en Marie Poussepin un modelo de generosa respuesta a la invitación de Jesucristo “VEN Y SIGUEME”. Una joven como tú, también puede descubrir que DIOS le HABLA en su vida personal y en la realidad que vive hoy.
 
PARA TI...
  • Que buscas la Vida que nunca defrauda, que sientes que el Amor te llama a dar y a darte más...
  • Que te has preguntado por el sentido de tu vida y el proyecto de Dios para ti... Te decimos: ¡atrévete! y ponte a caminar... ¡Es Cristo el camino, tras sus huellas ve!
Nosotras las Hermanas Dominicas de la Presentación, como lo quiso Marie Poussepin, vivimos en comunidades orantes, fraternas y misioneras. Vamos por el mundo -36 países- anunciando la gratuidad del amor de Dios a través del servicio de Caridad.
 

TE INVITAMOS A SEGUIR A CRISTO CON NOSOTRAS. 

¡ANÍMATE! DA UN PASO EN LA FE.

Texto: Hnas. Rocío Cuéllar, Maribel Burgos y Natalia Huamán


La comunidad dominicana querida por Marie Poussepin debe tener por alma la caridad

A imitación de Jesucristo, Marie Poussepin, en una incansable búsqueda de Dios, profundamente conmovida por la miseria, la enfermedad y la ignorancia que descubre en Sainville, se entrega al servicio de sus hermanos. Amor a Dios, amor a los hombres... una sola mirada contemplativa la compromete a hablar a Dios o de Dios, en una caridad llena de misericordia y de compasión.

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Caridad que se hace particularmente atenta a los más pobres; caridad, que se hace creativa, no contentándose con dar el socorro necesario, aún indispensable, sino procurando los medios para que por el trabajo se logre la propia subsistencia. Caridad que abarca el ser humano en su totalidad y quiere responder a sus diferentes hambres: hambre de pan y de saber, hambre de dignidad y de reconocimiento, hambre de felicidad, hambre de verdad, hambre de Dios.

La fe de Marie Poussepin está anclada en una vida eclesial abierta, y comprometida desde sus primeros años. Este arraigo en la Iglesia local marca su vida y su obra. Las hermanas serán enviadas "para utilidad de la parroquia". Su sentido de Iglesia y de obediencia la hacen capaz de soportar, sin desfallecer, las pruebas que acompañarán el crecimiento de su Proyecto. Para poder darse con tal vigor durante toda su larga vida, Marie Poussepin, se adhiere a la verdadera y sólida devoción, "imitar la vida que nuestro Señor llevó sobre la tierra". Él está en el centro de su existencia, de su oración y de su servicio a los hombres, marca el encuentro con sus hermanas y con todos aquellos a quienes ella acoge de una y otra manera. Él es el pan de la Eucaristía, el pan de la Palabra que la alimenta e impulsa a repartirlo a los otros.

En la confianza y la alegría, Marie Poussepin se vuelve hacia María, madre de Cristo y madre nuestra. Ella desea que la Comunidad la honre e imite en el misterio de la Presentación. Misterio de la llamada, misterio de la acogida, fe en ese Dios que "colma de bienes a los hambrientos y despide a los ricos con las manos vacías"Cuando se tiene la mirada amplia y el corazón abierto, ¿cómo responder sola a los gritos que se escuchan, a las necesidades que se perciben? Algunas compañeras se le unen y forman el pequeño núcleo de la Comunidad de la Tercera Orden de Santo Domingo. La comunidad dominicana querida por Marie Poussepin debe tener por alma la caridad. Esa caridad hacia Dios y hacia los hermanos se expresa en primer lugar, en esta comunidad en donde no se hará ninguna distinción de personas y donde ni el país ni el nacimiento darán lugar a diferencias. No se trata de uniformidad sino del pleno reconocimiento de cada una con sus riquezas, sus posibilidades y también, sus limitaciones. En esta comunidad reunida en nombre de Jesucristo la Palabra es acogida, compartida, estudiada, celebrada; la Eucaristía y la Reconciliación son fermento de crecimiento y de unidad; la Virgen María invita al don en la fe y la humildad del corazón.

Fuente: "La Formación en la Congregación. Ratio Formationis"