Pastoral vocacional

A imitación de Jesucristo, Marie Poussepin, en una incansable búsqueda de Dios, profundamente conmovida por la miseria, la enfermedad y la ignorancia que descubre en Sainville, se entrega al servicio de sus hermanos. Amor a Dios, amor a los hombres... una sola mirada contemplativa la compromete a hablar a Dios o de Dios, en una caridad llena de misericordia y de compasión.

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Caridad que se hace particularmente atenta a los más pobres; caridad, que se hace creativa, no contentándose con dar el socorro necesario, aún indispensable, sino procurando los medios para que por el trabajo se logre la propia subsistencia. Caridad que abarca el ser humano en su totalidad y quiere responder a sus diferentes hambres: hambre de pan y de saber, hambre de dignidad y de reconocimiento, hambre de felicidad, hambre de verdad, hambre de Dios.

La fe de Marie Poussepin está anclada en una vida eclesial abierta, y comprometida desde sus primeros años. Este arraigo en la Iglesia local marca su vida y su obra. Las hermanas serán enviadas "para utilidad de la parroquia". Su sentido de Iglesia y de obediencia la hacen capaz de soportar, sin desfallecer, las pruebas que acompañarán el crecimiento de su Proyecto. Para poder darse con tal vigor durante toda su larga vida, Marie Poussepin, se adhiere a la verdadera y sólida devoción, "imitar la vida que nuestro Señor llevó sobre la tierra". Él está en el centro de su existencia, de su oración y de su servicio a los hombres, marca el encuentro con sus hermanas y con todos aquellos a quienes ella acoge de una y otra manera. Él es el pan de la Eucaristía, el pan de la Palabra que la alimenta e impulsa a repartirlo a los otros.

En la confianza y la alegría, Marie Poussepin se vuelve hacia María, madre de Cristo y madre nuestra. Ella desea que la Comunidad la honre e imite en el misterio de la Presentación. Misterio de la llamada, misterio de la acogida, fe en ese Dios que "colma de bienes a los hambrientos y despide a los ricos con las manos vacías"Cuando se tiene la mirada amplia y el corazón abierto, ¿cómo responder sola a los gritos que se escuchan, a las necesidades que se perciben? Algunas compañeras se le unen y forman el pequeño núcleo de la Comunidad de la Tercera Orden de Santo Domingo. La comunidad dominicana querida por Marie Poussepin debe tener por alma la caridad. Esa caridad hacia Dios y hacia los hermanos se expresa en primer lugar, en esta comunidad en donde no se hará ninguna distinción de personas y donde ni el país ni el nacimiento darán lugar a diferencias. No se trata de uniformidad sino del pleno reconocimiento de cada una con sus riquezas, sus posibilidades y también, sus limitaciones. En esta comunidad reunida en nombre de Jesucristo la Palabra es acogida, compartida, estudiada, celebrada; la Eucaristía y la Reconciliación son fermento de crecimiento y de unidad; la Virgen María invita al don en la fe y la humildad del corazón.

Fuente: "La Formación en la Congregación. Ratio Formationis"