Reflexión: La Esperanza en tiempos de pandemia

on 14 Abr, 2020
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Caracas (Venezuela), 14/04/2020, Hna. Nícida Amparo Díaz Leal.- En estos tiempos de pandemia, vividos en cuarentena y buscándole sentido a este acontecimiento que nos desborda, miramos a todos lados buscando una señal de esperanza… unos esperan un milagro venido del cielo, "Señor, que te cuesta este milagro, ponle fin a esta pandemia"; otros buscan aferrarse a su antiguo egoísmo, aprovechando el momento para obtener ganancias…; otros buscan al miedo como su mejor refugio, "si tengo miedo no salgo y si no salgo no me contagio"…

Pero muchos saben en quien han puesto su esperanza… porque han podido escuchar las palabras de Jesús: "Si crees verás la Gloria de Dios" (Jn 11,40). No es fácil asimilar esta palabra en estos tiempos de tanta incertidumbre, pero en ella está la Esperanza cierta de que sólo en Dios descansa nuestra vida; que su Gloria es ver a sus hijos e hijas con vida y vida en abundancia… entonces, solo entonces, podemos decir, no todo está perdido. Hay una pequeña esperanza que nos dará los buenos días cada mañana, esa que viene de Dios, que hace volvernos a las hermanas y hermanos para contarles la Buena Nueva: "Es cierto el Señor ha resucitado y lo hemos visto".

Este es el mayor milagro que ha de darse en nuestra vida, que nos pone en salida, el milagro de la fraternidad solidaria para enjugar el dolor y sufrimiento, para llevar el consuelo… para decirles ¡No tengan miedo! ¡No tengamos miedo! Dios sigue apostando por nosotros, Dios sigue dándonos su Vida, y en ella nos da consistencia para seguir viviendo.

El milagro que pedimos, eres tú, soy yo, somos nosotras/os, es Jesús resucitado en nuestra vida, ¡ese que tanto esperamos!, que vence el egoísmo y el miedo, ese que nos hace ver con claridad el rostro de Jesús en nuestros hermanos y hermanas, ese que impulsa nuestra vida hacia los demás, que hace arder nuestros corazones y nos da su Espíritu para traernos paz y llenarnos de alegría, porque sabe que, a pesar de todo, aunque proclamamos su resurrección, aún seguimos escondidos, porque nos vence el miedo.

Nos hace falta una señal, nos parecemos a Tomás, aún no comprendemos que ya la señal está dada: "Felices los que aun no viendo creen" (Jn 20, 29). ¡Creemos Señor, pero aumenta nuestra fe!

Haz arder en nuestros corazones el fuego de tu amor que no se apaga, que podamos correr como las mujeres, a llevar Buena Noticia, que escuchemos como Pedro y Juan, como los discípulos de Emaús y salgamos presurosos; luego al volver a nuestra rutina diaria (Jn 21, 1-15) podamos contemplarte en nuestro cotidiano vivir, escuchar tu invitación a lanzar las redes una vez más en obediencia de amor y de fe, que te descubramos sentado en nuestra mesa, partiendo el pan, apacentando a tu pueblo… que podamos decirte con voz queda pero muy firme: ¡Tú sabes que te amo!

Que, al despertar cada mañana, esa pequeña esperanza nos siga dando los buenos días, para entregarle a nuestro pueblo la esperanza que llevamos dentro… (1P 3,15), la que hemos alcanzado con tu Resurrección, la que nos dirá todos los días: ¡No tengan miedo!