Lectio Divina: Cuarto Domingo de Adviento - Ciclo B

on 16 Dic, 2020
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Songkoy (Filipinas), SR. LILLY CHALAKKAL, 20 de diciembre de 2020.- ¿Te sientes confundido, estás perturbado, te has sentido inseguro en tu vida? El Señor está contigo… en Él estarás seguro… sólo ten confianza.

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Lectio Divina 20/12/2020 esp Descargar
 
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EVANGELIO 

Marcos 1, 26-38.  EL ANUNCIO DEL NACIMIENTO DE JESÚS

"26Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, 27a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. 28Y entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.» 29Ella se perturbó por esas palabras, y se preguntaba qué significaría aquel saludo. 30El ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; 31vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. 32El será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; 33reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin.» 34María respondió al ángel: «¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?» 35El ángel le respondió: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. 36Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y éste es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, 37porque nada es imposible para Dios.» 38Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Y el ángel dejándola se fue." 

ANÁLISIS DEL TEXTO 

El texto del Evangelio de hoy trata sobre el día más grande que el mundo haya conocido. El Anuncio del ángel a María. Éste fue el principio de un nuevo momento en la historia, en una aldea pequeña, se involucran una joven virgen desconocida y las promesas vagas de un ángel.

Su condición de virgen se enfatiza dos veces en el mismo versículo. La palabra María equivale a Miriam (Ex 15, 20), cuyo significado es “la excelsa”. Se resalta también que María estaba desposada con José, proveniente de la casa de David. Es clara la intención del evangelista, pues a través de él, se asegura la pertenencia de Jesús a la casa de David.

Una única elección: la de María… y un único saludo: el de Gabriel… Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo. El saludo del ángel no es un saludo convencional ni directo. El saludo más utilizado en el Nuevo testamento es “eirene”, que significa paz y que es una traducción de la palabra ‘Shalom’ en hebreo, o ‘Selam’ en Arameo (Lc 10,5; 24,36; Jn 20,19). En cambio, alégrate llena de gracia (Chaire kejaritomene, en griego), es una invitación a la alegría mesiánica. En las profecías de Sofonías (3, 1-17) y Zacarías (2,10) podemos ver que se invita a Sion a regocijarse en la alegría mesiánica.

Estas profecías sobre la hija de Sion se cumplen en María en el momento de la Anunciación. Ella es la hija de Sion, la personificación del pueblo de Dios a quien Él ha encomendado la gran misión dar a luz el Mesías. Ahora esta misión ha sido confiada también a nosotros, ¿Cómo podemos llevar el Mesías a los otros? ¿Aceptamos la vocación de ser portadores de Dios y alegrarnos con ellos?

El Señor está contigo… con este saludo, el evangelista coloca a María dentro del grupo de aquellos que son llamados por Dios para realizar una misión especial dentro de la Historia de Israel. El Señor Dios, no sólo está con ella, sino que la habita, está dentro de su seno, en persona. Y a Jesús se le identifica como el Señor Dios, el Salvador de Sion anunciado por los profetas. Ésta es una invitación a permitirle a Dios que también esté con nosotros, pero esto requiere decir Sí a su voluntad.

Ella se perturbó por esas palabras, y se preguntaba qué significaría aquel saludo; pero debido a que ella vivía en continua oración y meditación de las Sagradas Escrituras, pudo estar serena e intuyó la inmensidad de lo que se le estaba revelando. En ese momento de gracia ‘Dios la estaba transformando y elevando a una nueva forma de existir, capacitándola para vivir la esperanza y el amor de una forma más plena, alcanzando con ello también, una nueva relación con Dios y con todos. María fue elegida como el punto central del plan redentor de Dios. Ella meditaba dentro de sí lo que había escuchado… es precisamente en el silencio y los momentos de soledad que Dios nos revela su plan. Y nosotros, ¿Cómo reaccionamos? ¿Tomamos tiempo para meditar? ¿Reflexionamos a la luz de la Palabra de Dios?

El ángel le dijo: “No temas, María”, porque has hallado gracia delante de Dios.  Este versículo nos recuerda las palabras que Dios le dirigió a Moisés: “Te conozco por tu nombre”, y también: “Has hallado gracia a mis ojos” (Ex 33, 12-17). Noé también halló gracia a los ojos de Dios (Gen 6,8). María fue elegida por Dios para otorgarle su gracia, la irrepetible gracia de ser la madre de su Hijo.

Y el mensaje del ángel continua así: vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. El hijo de Dios no podía haber tenido dos padres; su filiación es única. El nacimiento humano de Jesús, a través de la concepción virginal de María, fue la manifestación de su única filiación eterna. Existe una estrecha relación entre la concepción virginal de Jesús y su filiación Divina. Esto lo podemos ver en la primera parte del v. 35 “El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra”. Obviamente, nos está hablando de la concepción virginal por el poder del Espíritu Santo. La segunda parte del v.35, anuncia un nacimiento virginal, “por eso el que ha de nacer será santo”. La palabra ‘santo’ en este contexto nos habla de la manera en que este niño nacerá, es decir, de una manera ‘santa’ es escogido por Dios. Por eso, el que nacerá será llamado Hijo de Dios. He aquí, que una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel (Isaías 7,14).

Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo, el título ‘Grande’ se atribuye sólo a Dios y a sus obras (Sal 48,1). Las cualidades del hijo que ha de nacer son: Él será grande, será Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; Él reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin. En el NT todo esto se aplica a la persona de Jesús (Tit 2,13; Heb 4,14; 13,20). Los profetas ya habían anunciado tanto la venida de un hombre elegido por Dios, el Mesías y también la escatológica manifestación de Yahveh por sí mismo. En el nacimiento de Jesús por medio de María, se cumplen estas dos profecías porque Él es el Mesías, y al mismo tiempo, Él es Dios.

María respondió al ángel: «¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón? María se pregunta cómo puede ser posible tener un hijo, y al mismo tiempo cumplir su deseo de pertenecer a Dios mediante la decisión de permanecer siempre virgen. Dios la preservó de todo pecado y concupiscencia desde el primer momento de su vida, a través del don de su Inmaculada Concepción, por el hecho de que ella se convertiría en la Madre del Hijo de Dios de manera virginal.

El ángel le dijo, El Espíritu Santo vendrá sobre ti… será llamado Hijo de Dios. Al responder a la pregunta sobre ‘cómo’ sería la concepción del Mesías, el ángel le presenta el aspecto cristológico sobre la identidad de Jesús. Aunque María le pregunta que cómo será eso, no pide ningún signo ni tampoco duda sobre cómo se llevará a cabo, ella acepta la misión que se le confía sin vacilación alguna. María es virgen, no ha conocido varón, así que el niño es totalmente obra de Dios, una nueva creación. La acción del Espíritu Santo y el poder del Altísimo vinieron sobre su Madre y no sobre la descendencia del trono de David. El hijo de Dios fue concebido en el vientre de María por medio del Espíritu creativo de Dios y así, ella se convierte en el tabernáculo donde Dios mora.

El ángel continúa, “Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y éste es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, porque nada es imposible para Dios”. A María se le da un signo, el ángel le habla del favor que Dios le ha concedido a su prima Isabel. Si Isabel, que era estéril, ahora tendría un hijo, entonces María podía estar segura de que también lo que a ella se le había dicho, se cumpliría. Este versículo nos recuerda que Jesús es el cumplimiento de la promesa de bendición a toda la humanidad hecha a Abraham.

Dijo María: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra”. La reacción de María es la misma que la de Ana (I Sam 1, 11). Y es precisamente en las palabras pronunciadas por María, que “la Palabra se hace Carne y habita entre nosotros” (Jn 1,14). De esta manera Dios inaugura la nueva creación y lleva a cumplimiento todas las promesas del Antiguo Testamento. Las palabras que María responde al ángel después de su anuncio, son las más importantes que nadie jamás haya pronunciado a lo largo de toda la historia de la humanidad y de la misma historia de salvación. ‘Hágase en mí según tu Palabra’, es una frase común en la Sagradas Escrituras. Sin embargo, estas palabras en los labios de María simbolizan la completa aceptación de la Palabra de Dios que ella había escuchado. Ella está dando su consentimiento incondicional y así se declara abiertamente en una disponibilidad total y activa hacia Dios. Las palabras de María no son simplemente la expresión de una humilde sumisión, sino que son oración y gozo. Por lo tanto, no fue una carga o una sumisión dolorosa, sino más bien el deseo gozoso de aceptar la voluntad de Dios.

La historia de la concepción de Jesús finaliza con la respuesta de María, esto es, su respuesta voluntaria. Hágase en mí… según tu Palabra, es una confirmación del papel único de María en el cumplimiento de la promesa por parte de Dios.

REFLEXIÓN 

En Jesús, nuestro Dios Trascendente, está más cerca que nunca y a nuestro alcance. Él está en todas las situaciones en las que nos encontramos, y si no experimentamos su presencia, se debe solamente a nuestra falta de fe. Porque Él está allí, y se manifiesta a nosotros de múltiples formas y de diferentes maneras. Él se encuentra allí, protegiéndonos de todos los peligros, está allí para salvarnos. Él nos sostiene y nos mantiene seguros, aún en medio de las calamidades naturales y las provocadas también por el hombre, en las pandemias o en sus consecuencias como el sufrimiento, el dolor, el aislamiento, o la pérdida de nuestros seres queridos… Él está allí para consolarnos y tranquilizarnos, ‘No tengas miedo’ ¡Qué presencia tan reconfortante y consoladora! Una presencia poderosa que nos anima a permanecer en la fe, la confianza y la esperanza. Dios solamente pide creer en Él sin buscar otra razón… sólo confiar en su Evangelio.

El mensaje del ángel a María, “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo… porque nada es imposible para Dios”. María es la llena de gracia, la favorecida y agraciada de Dios. Recibe algo que no podría obtener por sí misma, le fue dado gratuitamente por Dios. Gabriel literalmente le dijo a María ‘el Señor está contigo’. Por eso, ella es la nueva arca, la tienda y el templo. Dios está físicamente con ella, y de esta forma se convierte en la gran casa de Dios que había sido prometida a David. ‘Contigo’ significa que nosotros nunca estaremos solos, “el reino de Dios está cerca” fue el anuncio de Jesús, y su vida fue un testimonio de ello. En Jesús, Dios siempre está cerca y a nuestro alcance. Sin embargo, nosotros debemos alcanzarlo a Él también. El ‘Contigo’ no puede ser una relación unilateral. Tiene que ser en dos sentidos: Dios y nosotros.

El ‘Contigo’ es una presencia constante; con altos y bajos, Dios camina con nosotros. Pero nosotros también hemos de caminar con Él, recordando que el Emmanuel no es Dios conmigo solamente, sino que se trata de un Dios con nosotros. Dios no se preocupa sólo de mis sueños y mis deseos, también contempla la comunidad que nos rodea. ‘Estoy contigo’ significa tener la seguridad de su apoyo, pero al mismo tiempo ‘contigo’ significa que también debemos estar listos para los desafíos. Por eso, nosotros hemos de caminar y crecer hacia Dios siempre; y cuando los retos de la vida nos hagan sentirnos inseguros y busquemos respuestas, dirijamos la mirada a María, nuestra Madre, modelo de fe y ella, intercederá por nosotros ante su Hijo Jesús. Él es la respuesta…

Eso es lo que significa ‘Contigo’… y esto es lo que significa la Anunciación y el Misterio de la Encarnación. Dios ha puesto su tienda y ahora mora entre nosotros para mostrarnos que es un Dios con nosotros… Dios nos está salvando, y estará siempre para limpiar nuestras lágrimas, para convertir nuestras penas en alegría, alegrémonos porque, así como Dios ha hallado gracia en María, hoy Dios halla gracia en nosotros, nuestra redención está en Jesús.

“Por su obediencia, María se convierte en causa de salvación no sólo para ella misma sino para toda la raza humana”. Esto nos invita a sintonizar con la voz de Dios, a escucharlo y obedecer para que podamos ser partícipes de la misión salvífica de Jesús.

La historia de la salvación comenzó con la fe de Abraham y alcanzó su culmen con la fe de María y el abandono de Jesús a la voluntad del Padre. Nos preparamos ahora para celebrar este gran Misterio.

El niño que ha de nacer será objeto de una doble proclamación angelical:

  • Las expectativas de Israel serán cumplidas: el Mesías prometido y el Mesías Davídico. El ángel lo anuncia cuando hace eco a la profecía hecha a David, en quien se fundamenta esta expectativa (2 Sam 7,9; 13,14).
  • El niño superará todas las expectativas; Él será el Hijo Único de Dios por el poder del Espíritu Santo.

Hágase en mí según tu Palabra. La condición humilde de María frente a la grandeza del Dios todopoderoso. El cumplimiento de la promesa de Dios y las características que resaltan en María, su fe y la continuación del plan salvador de Dios. El ‘Sí’ de María y Jesús al plan de Dios, deshizo el no de Adán y Eva. El proceso de Redención del mundo comenzó con las palabras de María ‘Hágase en mí según tu Palabra’… y llegó a su plenitud con las palabras de Jesús, “Padre, si es posible, que pase de mí este cáliz, pero no sea como yo quiero, sino como quieres tú”.

La misma pregunta es dirigida hoy nosotros:

  • ¿Estamos dispuestos a dar nuestro consentimiento a Dios que viene a través de diferentes personas y situaciones en nuestra vida?
  • ¿Le permitimos a Dios encarnarse en nuestros corazones, en nuestras vidas?
 

ORACIÓN

Te alabamos y te damos gracias, Dios Todopoderoso y eterno, por ofrecernos tu salvación. Por enviar al mundo a tu Hijo Primogénito. Gracias Jesús por tu Encarnación.

Oh María, Virgen Bendita, tú la favorecida, la elegida para ser la portadora del Hijo de Dios, Oh vasija escogida, Tú aceptaste preparar un lugar en tu seno para que Jesús morara. Tu aceptación a la voluntad de Dios trajo la salvación al mundo entero. Ayúdanos a creer que nada es imposible para Dios.

María, Madre de Jesús, Madre de la Iglesia, primer tabernáculo, morada preparada por Dios, donde sólo Jesús pudo habitar. Oh Madre de la fe, Oh Madre de la esperanza guíanos en nuestras incertidumbres. Ayúdanos cuando perdamos la esperanza, la esperanza en Dios y en Jesús. Por ti, las ataduras de Eva han sido liberadas, y por tu fe y abandono, la salvación aconteció. A través de ti, se ha cumplido la gran obra de la redención humana.

Tú aceptaste el anuncio del Nacimiento del Hijo de Dios, un acontecimiento Misterioso. Acontecimiento que es siempre actual y eternamente presente. Misterio que debe cumplirse hoy en nosotros y diariamente en nuestras vidas. Oh María, Ayúdanos para que, como tú, podamos ser instrumentos de la misericordia y la salvación de Dios.

Que Dios trabaje en nosotros, en todo nuestro ser. Oh María, tú que concebiste por medio del Espíritu; te pedimos que nuestras almas también puedan concebir a Jesucristo por la fe, y así podamos llevar la presencia de Dios a los demás. 

CONTEMPLACIÓN 

  • Trataré de descubrir el plan de Dios en mi vida.
  • Creo en el cumplimiento de la promesa de Dios en mi vida.
  • Acepto los acontecimientos diarios a la luz de la Palabra de Dios en humildad y apertura, creyendo en su poder.
  • No temeré porque el Señor está conmigo como mi Mesías, como mi salvación.
 

ACCIÓN 

Pido en la oración el deseo ardiente de abrazar la voluntad de Dios hoy, así como María lo hizo, con fe, amor y abandono.