Búsqueda y encuentro

on 31 Oct, 2020
Visto: 1777

Colombia, 31/10/2020, Hna. Carmen Rosario Medina Alvarado.- Mañanas frías, tardes soleadas, noches estrelladas… todo se divisaba al pasar, no eran solo las mañanas, las tardes y las noches; en realidad era todo el conjunto de vida, que invitaba a contemplar la finura de Dios al pasar.

Eran sus pasos los que sin parar recorrían los campos de la Beauce. El Espíritu divino como rocío mañanero fue regando la chispa del amor. El pueblo elegido sintió sus pasos y escuchó su voz, voz suave, tierna, callada y delicada que invitaba a tener compasión.

No muy lejos de allí, Dios preparaba la cuna de aquella niña, que era de su predilección; pasaban las horas, los días, los meses y en Dourdan nació. La Divina Providencia todo lo proveyó y así fue que en la familia Poussepin Fourrier esta hermosa historia con tinte indeleble se escribió.

Ellos, Claudio y Juliana empapados de la misericordia infinita del Espíritu, no cesaban de ser instrumentos del buen Dios, en aquella localidad que los invitaba a hacer de Dios mención.

Sus hijos, Marie, Ana, Juliana, Elizabeth, Claudio I, Claudio II y Claudio III, uno a uno fue sintiendo la presencia del Dios amor, quienes con espíritu fortalecido, no cesaban de bendecir y agradecer a Dios, al sentirse llamados no solo a ser espectadores de una historia, sino también a ser constructores de una nueva sociedad, en ese rincón del mundo donde Dios les impulsaba a practicar la caridad.

Leer el pasado desde la mirada de Dios, lleva a vislumbrar, cómo esa savia fresca que nutre y fortalece, engendra nueva vida según el designio de Dios. De todo se experimentó en este hogar cristiano y parroquial que la Divina Providencia eligió; las duras pruebas no se hicieron esperar, la pascua de los hermanos de Marie a excepción de Claudio el menor, la muerte de sus abuelos; el momento adverso que vivió su padre como cobrador de impuestos, y todo lo demás que la vida le deparó.

Desde el corazón de Dios se fue tejiendo la historia de aquel ser que siempre vislumbró el proyecto de Dios y lo hizo suyo como legado de amor. Con pequeños gestos de misericordia, la caridad se expandió. Dios fue siendo Dios en ese largo recorrido de vida que la Beata Marie Poussepin experimentó.

El coraje y audacia de la Sierva de Dios, la lleva a direccionar su vida, por esos caminos que la Divina Providencia le inspiró, se hace responsable de la educación de su hermano menor; acoge sobre sí la deuda de su padre, asume con acertada dirección la fábrica y se compromete con la acción evangelizadora en la Cofradía de la Caridad a la que su madre perteneció.

En su interioridad más profunda, allí donde se produce el encuentro de Aquel que viene y Aquella que va, surge la palabra silenciosa del amado que busca sin cesar a la peregrina de alma sosegada y hacer verter de esa fuente inagotable recibida en el bautismo, las semillas de amor en el ejercicio de la Caridad.

Nada ni nadie podía detenerla, ella comprendió que su vida no le pertenecía, que todo le venía de Dios y a Él debía volver. Un alma que nace, vive y se dona por amor, no se aquieta, vive en un dinamismo total de su ser, porque siente que ya no puede vivir sino con Él, por Él y para Él.

Por inspiración Divina, deja Dourdan para ir a Sainville. Esa realidad latente de miseria, hambre, pobreza, orfandad, ignorancia…es el lugar teológico donde escuchó la voz de Dios que la invitaba a responder con audacia y creatividad, con prudencia y responsabilidad; con realismo y sensibilidad; con paciencia y bondad…ese era el lugar preciso donde el Dios Uno y Trino la envió a poner de manifiesto los dones y cualidades que siempre le prodigó.

La Palabra de Dios encarnada en la impronta de su ser, la lleva a revelar en lo cotidiano con acciones y palabras al Crucificado – Resucitado. En su corazón, siempre resonó la vida del Maestro en constante donación; su alma abandonada totalmente en las manos de la Divina Providencia, siempre la socorría, dando renovado impulso en las nuevas obras que emprendía.

La mujer orante, de fe profunda, de mirada tierna y sencilla; la joven humilde y confiada, la hermana de semblante sereno y acogedor; la empresaria honesta y persistente; la hija de Dios solidaria y amable, la madre respetuosa y paciente empapada de espiritualidad Dominicana…se hace obrera de la Providencia e instrumento en las manos de Dios.

En sus mañanas, tardes y noches, Marie Poussepin, no percibía más que a Dios, no sentía ni escuchaba más que la voz del amor amado que a través de la Palabra y la realidad latente de aquella población le susurraba y le conmovía el corazón:

“Pon tu alegría en el Señor, él hará lo que desea tu corazón”. Salmo 37,4
“Y tú, regresa donde tu Dios: actúa con amor y justicia, y confía siempre en él”. Oseas 12,7
“Les doy este mandamiento nuevo: que se amen unos a otros. Ustedes se amarán unos a otros como Yo los he amado”. Juan 13:34
“Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo. Luego ven y sígueme”. Mateo 19,21
“Sanen a los enfermos, resuciten a los muertos, limpien de su enfermedad a los que tienen lepra, expulsen a los demonios. Lo que ustedes recibieron gratis, denlo gratuitamente”. Mateo 10,8
“Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí, la hallará”. Mateo 16,25
“Porque tuve hambre, y ustedes me alimentaron; tuve sed y ustedes me dieron de beber; pasé como forastero, y ustedes me recibieron en su casa” Mateo 25,35
“Cada uno debe dar según lo que haya decidido en su corazón, no de mala gana ni por obligación, porque Dios ama al que da con alegría”. 2 Corintios 9,7

Sintiendo que es voluntad de Dios, vivir y morir al servicio de la Iglesia en el ejercicio de la Caridad, la Sierva de Dios, funda su Comunidad de la Tercera Orden de Santo Domingo para dedicarse a la enseñanza, al servicio de la salud y utilidad de la parroquia.

Su espiritualidad profunda, su sentido futurista y actitud de servicio al estilo de Jesús de Nazaret, la impulsa a dejar por escrito lo vivido en mucho tiempo, el gozo que sentía por lo que Dios le había revelado y el Espíritu inspirado… ese cúmulo de experiencias profundas de Fe, donde se conjugaban todos los sentimientos vividos con emoción; en la pequeña aldea de Sainville, decide dejarlos como legado a sus Hermanas para que sigan siendo pioneras de bellos gestos de redención en las poblaciones donde la santa obediencia las conduzca a extender el Reino de Dios.

La fiel compañera de camino que hace visible los senderos rectos del Señor; la joven de Nazaret que escuchó la Palabra de Dios y la cumplió; la mujer orante que marcha con el pueblo brindando protección; la llena de Gracia que vivió en constante donación… desde siempre habitó en su humilde, tierno y sencillo corazón. A la Santísima Virgen María en su presentación en el Templo, la deja como modelo y patrona de su Congregación.

Después de más de tres siglos de historia, la semilla que germinó en Dourdan y se esparció en Sainville, hoy se sigue propagando en el mundo entero. Las nuevas llamadas de Dios y de la Iglesia a cada Hermana de la Caridad Dominica de la Presentación de la Santísima Virgen, es seguir las huellas del Maestro desde el Carisma fundacional de la Presentación con el corazón abierto y disponibles para estar en salida en este camino de reestructuración.