Carta para Marie Poussepin desde El Caribe

on 09 Jun, 2020
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El Caribe, 09/06/2020, Hna. Berta Marín, provincia del Caribe.- BONJOUR MARIE POUSSEPIN, JE SUIS SŒUR BERTA MARIN, AUJOURD’HUI, JE VEUX PARLE AVEC TOI… Quiero contarte en esta carta, cómo te conocí…

Llegue a estudiar con mi hermana Chela, al Colegio Santa Teresa de Cúcuta, donde tus hijas nos abrieron las puertas de ese hermoso colegio. Hermoso no sólo físicamente, había algo de ti, que aprendí a conocer, a descubrir, sin que ellas, las hermanas, me hablaran.

Hoy, después de tantos años, en mi interior he descubierto que caminaba a tu lado, porque en cada hermana, te iba descubriendo, sin saber tu nombre, porque nunca me lo dijeron… sólo veía aptitudes y actitudes, elegancia en la virtud, en su presencia, en su cercanía, para corregir, enseñar, dar a conocer y amar, al que ellas amaban en el silencio de su entrega; elegancia y  porte en su hábito; en su delicadeza y firmeza para corregir y hacer que uno, estuviera siempre bien presentado física y espiritualmente.. Nunca me hablaron de su fundadora… de ti… Lo hicieron con su presencia, firmeza y acogida… Nunca me hablaron de vida consagrada, pero el sólo verlas ya inspiraban, no había cercanía como hoy, pero su presencia era clara y armoniosa y así, tú, Marie Poussepin me descubriste y me conquistaste, sin saber quién eras…

Un día entré al Postulantado…. al noviciado… y tampoco me hablaron de ti…  aprendí a enamorarme de Jesús, a hablar con Él, a vivir de su presencia… me volví contemplativa sin saberlo… Y tú Marie Poussepin en el silencio, estabas allí, modelando mi corazón adolescente… joven… sólo para Dios… ¡Qué misterio!

Profesé y no te conocía con nombre y apellido, pero tú estabas a mi lado. Me pregunto: ¿por qué no tuve esa curiosidad de preguntar por ti?...  Hoy, sé que estabas conmigo: en cada hermana… sólo conocía tu actuar, tu amor a Dios y a los demás… Pero ¿por qué se me ocultaba tu identidad?...  Era un silencio contemplativo y respetuoso el de las Hermanas, pues se vislumbraba tu santidad y había que guardar silencio... La Iglesia así lo pide.

Ah, ahora entiendo… me preparabas algo maravilloso: EL CEMP, fue allí, donde mi corazón, mi inteligencia, mi espíritu, te reconocería con nombre y apellido, con tu vida y misión, con tu amor a Dios Trinitario. Fue aquí, cuando mi amor por ti, por la Congregación, se desbordó a `plenitud… Quería conocerte… beber de tu fuente, y así fue, el CEMP, me transformó interiormente, bebí de ti, te llevo muy dentro de mi ser y actuar y quiero que al morir, tú estés a mi lado, para que me entregues definitivamente a Jesús. Hoy, siento que te llevo a flor de piel, quiero que otros, te conozcan y te reconozcan en mí desde mi sencillez, y timidez, que poco a poco he ido modelando a través de la misión, pero no perdiendo.

Me sorprende hoy, MADRE, y me da pena cuando algunas niñas, me dicen: “Usted se parece a Marie Poussepin, … Mi respuesta es: Claro… si soy su hija espiritual y una hija se parece a su madre en algo… La doy a conocer para que ellas si sepan desde niñas, adolescentes, jóvenes quién eres Tú. Me siento feliz de que te conozcan, que sientan deseos de saber más de ti… Conquístalas Marie Poussepin, como me conquistaste a mí, limpia sus corazones y que podamos enseñarles a Jesús… contemplar a Jesús…como un día lo hicieron en mí, tus hijas, dando su fruto.

Hoy, a mi edad madura, 56 años de vida consagrada, siento que tú estás junto a mí, serena, contemplativa, con dulce mirar, amando a los demás por medio de mi… Me emociona hablar de Ti y cuando lo hago, siento tu compañía, como los discípulos de Emaús, sentían a Jesús.

Estudiar… Profundizar todo lo que tú nos dejaste, lo que la Congregación nos da ti, de la Vida Consagrada en la Congregación que tú fundaste, es para mí una delicia… te palpo y me emociona saber que pertenezco a la Congregación que tú creaste para servir y amar a los demás y en ellos, amar y descubrir a Dios.

Gracias Marie Poussepin, por ser mi compañera, por llevarme a Jesús y acompañarme en mis luchas y tentaciones. Nunca, lo siento así, te has avergonzado de mí, a pesar de mis debilidades y caídas. Gracias por enseñarme a contemplar al Dios amor desde tu Carisma… Mi carisma. Gracias por estar junto a mí en los momentos de dolor, de triunfo, de esfuerzo y en la misión que hoy realizo con todo mi amor.

Gracias por dejarte Beatificar y pronto canonizar… es verdad que nos falta mucho… pero tú estás ahí y nos ayudas a continuar… a recomenzar… a crecer en amor a Dios y a los Hermanos, sobre todo en este momento difícil, que vivimos en mi patria, y en el mundo entero. Camina junto a nosotras, como lo Hiciste en Sainville… Dourdan… Bendícenos madre, te necesitamos… La misión clama, nuestros hermanos nos necesitan. Danos la Fortaleza en cada momento de nuestra vida. Háblanos, para saber Qué podemos hacer.

Gracias Madre, por estar siempre a nuestro lado y perdona nuestras debilidades en el amor a Dios y a nuestros hermanos, infúndenos Valentía, riesgo, capacidad de aguante y sobre todo un gran amor a Jesús Eucaristía y a María de la Presentación.

Soy tu hija, quiero seguir sintiendo tu presencia cerca de mí, prepararme a lo que Dios quiera de mí, en este momento de mi vida. Con amor de Hija, te digo hasta pronto, porque sé, que estás conmigo. Y en ti decir gracias a mi Congregación, por todo lo que a través de mi vida me ha brindado. Bendíceme y bendícenos, Madre… Ah… No te olvides que te queremos en los altares. Con un abrazo en nombre de todas mis hermanas, te digo hasta pronto.